Depresión resistente; del impacto mundial a las nuevas posibilidades de tratamiento

Prevalencia, síntomas, consecuencias y avances en una atención especializada.

Por Manuel Cassinello Marco, médico psiquiatra y psicólogo, y director médico de Inmentium.

La depresión afecta a cientos de millones de personas y puede alterar profundamente su capacidad para trabajar, relacionarse y cuidar de sí mismas. Se dispone de tratamientos eficaces, pero una parte de los pacientes sigue sufriendo después de recibirlos. Comprender esta distancia entre las posibilidades terapéuticas y la recuperación real permite situar el problema de la depresión resistente y valorar con rigor las alternativas que están ampliando su abordaje.

La Organización Mundial de la Salud estima que, en 2023, aproximadamente 322 millones de personas vivían con depresión: el 4 % de la población mundial y el 5,2 % de los adultos. Entre estos últimos, la prevalencia estimada fue del 6,2 % en mujeres y del 4,1 % en hombres. Son los datos que recoge su ficha informativa actualizada en septiembre de 2026 [1].

La prevalencia describe cuántas personas presentan una enfermedad en una población y un periodo determinados. La incidencia estudia la aparición de casos a lo largo del tiempo. Esta diferencia importa especialmente en una enfermedad que puede remitir y reaparecer.

Un análisis del Global Burden of Disease 2021, publicado en Scientific Reports en 2025, estimó 357,43 millones de casos incidentes de trastornos depresivos en el mundo durante 2021 [2].

Estos datos describen un problema sanitario de alcance mundial. Para entender su relevancia clínica, se debe considerar también qué significa convivir con sus síntomas y cuánto tiempo permanece una persona limitada por ellos.

Un episodio depresivo se caracteriza por un estado de ánimo deprimido o una pérdida marcada del interés y del placer, presentes la mayor parte del día, casi todos los días, durante al menos dos semanas. La tristeza puede acompañarse de irritabilidad o sensación de vacío [1].

El cuadro puede incluir fatiga, falta de energía, insomnio o sueño excesivo, cambios de apetito y peso, sentimientos de culpa o inutilidad, desesperanza y pensamientos de muerte o suicidio. También aparecen dificultades para concentrarse, recordar o tomar decisiones, junto con enlentecimiento o inquietud. Algunas personas consultan por dolores y molestias físicas persistentes antes de identificar el componente emocional de su malestar [3].

La combinación y la intensidad de estos síntomas varían. Una persona puede dormir poco y perder peso; otra puede dormir en exceso y aumentar su ingesta. Por eso, el diagnóstico requiere una entrevista clínica que valore la duración, la repercusión funcional y las posibles explicaciones alternativas.

La OMS señala que la depresión puede afectar a las relaciones familiares, sociales y comunitarias, además del desempeño académico y laboral [1]. Esa repercusión se reconoce en actividades concretas: sostener una conversación, organizar una jornada, mantener el autocuidado o disfrutar del tiempo compartido. La calidad de vida depende también de la autonomía y de la capacidad para participar en lo que cada persona considera valioso.

El análisis del GBD 2021 estimó 56,33 millones de años de vida ajustados por discapacidad asociados a los trastornos depresivos [2].

La dimensión económica es igualmente importante. Según la OMS, la depresión y la ansiedad ocasionan conjuntamente la pérdida de unos 12.000 millones de jornadas laborales al año, con un coste aproximado de un billón de dólares estadounidenses anuales en productividad perdida [5].

Para el paciente, la recuperación puede significar volver a trabajar, pero también recuperar vínculos, proyectos y confianza en sus propias capacidades. Estos objetivos deben formar parte de la valoración del resultado terapéutico.

Depresión y suicidio: la dimensión más grave del sufrimiento

La OMS estima que 727.000 personas murieron por suicidio en 2021. La tasa mundial ajustada por edad fue de 8,9 muertes por cada 100.000 habitantes. En el grupo de 15 a 29 años, el suicidio constituyó la tercera causa de muerte [6].

Qué porcentaje mejora con los tratamientos convencionales

La atención inicial puede incluir psicoterapias con evidencia, antidepresivos o una combinación de ambos, según la gravedad, las preferencias y la historia clínica. Entre las intervenciones psicológicas se encuentran la terapia cognitivo-conductual, la activación conductual y la terapia interpersonal [4].

Para interpretar sus resultados conviene diferenciar respuesta y remisión. En los ensayos, respuesta suele significar una reducción de al menos el 50 % en la intensidad de los síntomas. Remisión implica alcanzar un nivel sintomático mínimo según la escala utilizada. Una mejoría importante puede coexistir con síntomas residuales que todavía dificultan la vida cotidiana.

El primer nivel del estudio STAR*D aporta una referencia clínica conocida. Entre 2.876 pacientes ambulatorios con depresión mayor tratados con citalopram durante un máximo de 14 semanas, el 47 % alcanzó respuesta. La remisión se situó aproximadamente entre el 28 % y el 33 %, dependiendo de la escala empleada [8]. Así, cerca de la mitad mejoró sustancialmente, mientras que alrededor de un tercio alcanzó remisión con ese primer tratamiento.

Cuándo se habla de depresión resistente

La definición más utilizada considera resistente una depresión que no ha respondido a, al menos, dos ensayos antidepresivos adecuados. Deben haberse utilizado dosis terapéuticas, durante un tiempo suficiente y con adherencia comprobada; habitualmente se evalúan los tratamientos del episodio actual.

El término requiere comprobar qué ocurrió con cada intervención. Un medicamento suspendido precozmente por intolerancia aporta información relevante, pero no demuestra el mismo tipo de fracaso que un tratamiento completado sin beneficio. También deben revisarse el diagnóstico, las interacciones, las enfermedades médicas y los factores psicosociales que puedan mantener los síntomas [4,10].

Esta revisión permite detectar una aparente resistencia cuando el tratamiento no llegó a ser adecuado o cuando la orientación del caso necesita cambiar.

Confirmar resistencia señala la necesidad de una estrategia especializada. Las opciones incluyen cambios o potenciación del tratamiento farmacológico, psicoterapia y tratamientos de neuromodulación. La terapia electroconvulsiva mantiene un papel relevante en depresiones graves, especialmente cuando se necesita una respuesta rápida. La esketamina intranasal dispone de una indicación europea para determinados adultos con depresión resistente, combinada con antidepresivos y administrada bajo supervisión [11]. La elección debe responder a las características del caso y a la urgencia clínica.

Farmacogenética: afinar determinadas decisiones farmacológicas

La farmacogenética estudia cómo algunas variantes genéticas influyen en la respuesta a los medicamentos. En antidepresivos, su aplicación clínica más consolidada se relaciona con enzimas que participan en su metabolismo, como CYP2D6, CYP2C19 y CYP2B6.

Esta información puede ayudar a interpretar una exposición farmacológica inusual y ciertos problemas de tolerabilidad.

El ensayo PRIME Care, con 1.944 participantes, encontró que disponer de información farmacogenómica reducía la prescripción de medicamentos con interacciones gen-fármaco previstas.

Estimulación magnética transcraneal: una opción terapéutica con evidencia

La estimulación magnética transcraneal repetitiva utiliza pulsos magnéticos aplicados desde el exterior del cráneo para modular circuitos cerebrales relacionados con la regulación del estado de ánimo. Es un tratamiento no invasivo que habitualmente se administra de forma ambulatoria y sin anestesia. El consenso internacional publicado en 2025 respalda su utilización en depresión y destaca la importancia de esta técnica.

Los efectos adversos habituales incluyen cefalea y molestias locales. El tratamiento necesita seguimiento de la respuesta y planificación posterior para mantener la mejoría [14].

Una atención especializada orientada a recuperar la vida cotidiana

La farmacogenética y la estimulación magnética transcraneal desempeñan funciones distintas: la primera puede apoyar determinadas decisiones de prescripción; la segunda constituye una intervención terapéutica. Su valor aumenta cuando se integran en una evaluación completa y en un plan compartido con el paciente.

Ese plan requiere coordinación entre psiquiatría y psicología, con participación de atención primaria, neuropsicología y otros profesionales cuando las necesidades lo justifiquen. Debe atender a los síntomas, las dificultades cognitivas, el sueño, la salud física y la recuperación funcional, además de prever cómo actuar ante un empeoramiento [4,10].

Manuel Cassinello Marco, médico psiquiatra y psicólogo y director médico de Inmentium, defiende una atención a la depresión resistente que combine evaluación diagnóstica rigurosa, conocimiento de las alternativas terapéuticas y seguimiento de resultados. El interés de Inmentium por la farmacogenética y la neuromodulación responde a esa necesidad: aportar opciones fundamentadas a personas que continúan sufriendo pese a los tratamientos recibidos.

El objetivo clínico es conseguir una mejoría que se sostenga y que permita recuperar autonomía, relaciones y proyectos. Para avanzar hacia él, cada intervención debe tener una indicación clara y cada resultado debe valorarse también en la vida que la persona vuelve a poder llevar.

Referencias bibliográficas

1. Organización Mundial de la Salud. Depressive disorder (depression). Actualización: 11 de septiembre de 2026. Consultado el 22 de septiembre de 2026. Consultar fuente

2. Zhou J, Zhang Y, He S, et al. Accelerated global burden of depressive disorders during the COVID-19 pandemic from 2019 to 2021. Scientific Reports. 2025;15:9529. Consultar fuente

3. National Institute of Mental Health. Depression. Consultado el 22 de septiembre de 2026. Consultar fuente

4. National Institute for Health and Care Excellence. Depression in adults: treatment and management. NICE guideline NG222. 2022. Consultar fuente

5. Organización Mundial de la Salud. Mental health at work. Actualización: 15 de septiembre de 2026. Consultado el 22 de septiembre de 2026. Consultar fuente

6. Organización Mundial de la Salud. Suicide worldwide in 2021: global health estimates. Ginebra: OMS; 2025. ISBN 978-92-4-011006-9. Consultar fuente

7. Organización Mundial de la Salud. Suicide. Consultado el 22 de septiembre de 2026. Consultar fuente

8. Trivedi MH, Rush AJ, Wisniewski SR, et al. Evaluation of outcomes with citalopram for depression using measurement-based care in STAR*D: implications for clinical practice. American Journal of Psychiatry. 2006;163(1):28–40. Consultar fuente

9. Wiles N, Thomas L, Abel A, et al. Cognitive behavioural therapy as an adjunct to pharmacotherapy for primary care based patients with treatment resistant depression: results of the CoBalT randomised controlled trial. Lancet. 2013;381(9864):375–384. Consultar fuente

10. Lam RW, Kennedy SH, Adams C, et al. Canadian Network for Mood and Anxiety Treatments (CANMAT) 2023 Update on Clinical Guidelines for Management of Major Depressive Disorder in Adults. Can J Psychiatry. 2024;69(9):641–687. Consultar fuente

11. Agencia Europea de Medicamentos. Spravato: información del producto y ficha técnica. Consultado el 22 de septiembre de 2026. Consultar fuente

12. Bousman CA, Stevenson JM, Ramsey LB, et al. Clinical Pharmacogenetics Implementation Consortium (CPIC) Guideline for CYP2D6, CYP2C19, CYP2B6, SLC6A4, and HTR2A Genotypes and Serotonin Reuptake Inhibitor Antidepressants. Clin Pharmacol Ther. 2023;114(1):51–68. Consultar fuente

13. Oslin DW, Lynch KG, Shih MC, et al. Effect of Pharmacogenomic Testing for Drug-Gene Interactions on Medication Selection and Remission of Symptoms in Major Depressive Disorder: The PRIME Care Randomized Clinical Trial. JAMA. 2022;328(2):151–161. Consultar fuente

14. Trapp NT, Purgianto A, Taylor JJ, et al. Consensus review and considerations on TMS to treat depression: A comprehensive update endorsed by the National Network of Depression Centers, the Clinical TMS Society, and the International Federation of Clinical Neurophysiology. Clin Neurophysiol. 2025;170:206–233. Consultar fuente

15. Blumberger DM, Vila-Rodriguez F, Thorpe KE, et al. Effectiveness of theta burst versus high-frequency repetitive transcranial magnetic stimulation in patients with depression (THREE-D): a randomised non-inferiority trial. Lancet. 2018;391(10131):1683–1692. Consultar fuente

16. Trevizol AP, Downar J, Vila-Rodriguez F, et al. Predictors of remission after repetitive transcranial magnetic stimulation for the treatment of major depressive disorder: An analysis from the randomised non-inferiority THREE-D trial. EClinicalMedicine. 2020;22:100349. Consultar fuente.