La protección de datos y la capacidad de respuesta ante incidentes son hoy requisitos fundamentales para la reputación empresarial, advierte Grupo Copicanarias. Según el Foro Económico Mundial, el 66% de las empresas evalúa la ciberseguridad de sus proveedores antes de decidir sobre sus contratos.
Los datos no dejan lugar a dudas: la ciberseguridad es un factor de peso hoy en día para adquirir y mantener la confianza de los clientes. El informe ‘Global Cybersecurity Outlook 2026’, publicado en enero de 2026 por el Foro Económico Mundial, muestra que el 66% de las organizaciones encuestadas evalúa la seguridad de sus proveedores y el 65% incorpora a sus responsables de ciberseguridad en los procesos de compra.
De este modo, la protección de la información ha entrado de lleno a formar parte del examen al que se someten las empresas cuando aspiran a trabajar con otras.
La razón trasciende los departamentos de informática. Una compañía que contrata una asesoría, externaliza su logística o comparte documentación con un proveedor necesita confiar en que esa información estará protegida y en que el servicio no quedará interrumpido ante el primer incidente.
Porque las conexiones que permiten trabajar con mayor agilidad también pueden trasladar las consecuencias de un ciberataque de una organización a otra.
Grupo Copicanarias conoce de cerca esa preocupación. Con más de 25 años a cargo de la tecnología de miles de empresas, la compañía señala que el número de clientes que solicitan soluciones de ciberseguridad se ha multiplicado por veinte durante la última década. La demanda abarca los equipos, los datos, las redes y las aplicaciones que sostienen la actividad diaria de los negocios.
Como proveedor oficial de Malwarebytes en España, Grupo Copicanarias cifra ya en más de 300 las implantaciones de soluciones de ciberseguridad de la marca hasta la fecha. Su experiencia sitúa la configuración, el seguimiento y la respuesta ante incidentes entre las tareas esenciales para que la inversión tecnológica cumpla su función.
«Un cliente puede entender que una empresa sufra un ataque. Lo que necesita saber es si sus datos están afectados, si podrá seguir recibiendo el servicio y qué se está haciendo para resolver el problema. Poder responder a esas preguntas exige preparación técnica y conocimiento de lo que ocurre en los sistemas», explica el director de IT y Transformación Digital de Grupo Copicanarias, Víctor Socas.
La seguridad también se examina antes de contratar
Ya en 2024, la evaluación publicada del programa británico Cyber Essentials destacaba el creciente vínculo entre seguridad y confianza comercial. Entre las organizaciones encuestadas con certificación vigente o caducada, el 61% manifiesta una mayor predisposición a elegir proveedores certificados y el 75% expresa mayor confianza al trabajar con ellos.
Son resultados que muestran cómo la elección de un proveedor de cualquier tipo está cada vez más vinculada con las evidencias de protección que este pueda mostrar. Para una empresa, explicar cómo protege la información que recibe y cómo responde ante un incidente permite ofrecer garantías que van más allá de una declaración de buenas intenciones.
La relación de la ciberseguridad con la reputación también aparece en el Data Privacy Benchmark Study 2025 de Cisco. En esta investigación, realizada entre más de 2.600 profesionales de 12 países, incluida España, el 79% de los encuestados identifica beneficios significativos en confianza y fidelidad de los clientes derivados de la inversión en privacidad. La protección frente a accesos no autorizados es uno de los puntos fundamentales de las estrategias valoradas.
«Las empresas necesitan poder demostrar qué están protegiendo y cómo», afirma Víctor Socas, quien destaca cómo «las soluciones de detección y respuesta EDR de Malwarebytes, por ejemplo, son una pieza clave en nuestras estrategias porque permiten identificar actividad sospechosa, aislar los equipos afectados y actuar para contener una amenaza».
«Si un ataque de ransomware comienza a cifrar documentos de clientes, podemos intervenir inmediatamente para limitar su propagación y, mediante las funciones de recuperación, restaurar archivos afectados cuando se cumplen las condiciones técnicas necesarias», detalla el experto en nuevas tecnologías.
Para un negocio, esa capacidad de respuesta puede marcar la diferencia entre una incidencia contenida y una interrupción que comprometa sus servicios y la confianza de sus clientes.
¿Qué debe ocurrir cuando una amenaza llega a un equipo?
Detectar una amenaza es el comienzo de la respuesta. A partir de ese momento, la empresa necesita determinar qué ha ocurrido, qué sistemas están afectados y si el incidente compromete información de sus clientes. Las decisiones sobre el aislamiento de equipos y la recuperación del servicio deben apoyarse en ese análisis.
«Recuperar la actividad exige comprobar que la amenaza se ha eliminado y que los equipos pueden volver a funcionar en condiciones de seguridad», destaca Socas.
Esa capacidad de intervención se prepara antes del incidente. Mantener un inventario de los dispositivos, identificar las aplicaciones críticas y revisar las vulnerabilidades permite conocer dónde están los riesgos y priorizar las medidas de protección. Aplicar los parches que corrigen fallos conocidos y supervisar las alertas ayuda a reducir las oportunidades de ataque y a detectar situaciones que requieren atención.
La recuperación también necesita planificación. Las funciones que permiten revertir determinados daños causados por ransomware deben complementarse con copias de seguridad protegidas y pruebas de restauración. Recuperar archivos, además, no resuelve por sí solo una posible sustracción de información: es necesario investigar si alguien ha accedido a los datos o los ha extraído.
Para los clientes, esa diferencia es esencial. Restablecer un servicio permite retomar la actividad; conocer el alcance del incidente permite explicar con rigor qué información se ha visto afectada y qué medidas se están tomando para protegerla.
¿Quién responde cuando llega el incidente?
Por todo ello, cada vez más empresas tienen claro que la protección no termina al instalar el software. Alguien debe comprobar que los equipos están cubiertos, revisar las alertas y hacerse cargo de la respuesta cuando aparece una amenaza. «La empresa necesita saber quién está pendiente de sus sistemas y a quién recurrir si ocurre algo. Esa responsabilidad debe quedar definida desde el principio», señala Socas.
Por eso, al contratar soluciones de ciberseguridad conviene precisar qué incluye el servicio: qué equipos quedan cubiertos, quién revisa las alertas, en qué horario se presta asistencia y qué actuaciones están previstas ante un incidente. Son compromisos que permiten valorar el alcance de la protección y el respaldo profesional con el que contará el negocio.
«Cuando un cliente nos confía su información, espera que sepamos protegerla. Y si ocurre un incidente, necesita respuestas sobre sus datos y sobre el servicio que recibe. Nuestra preparación debe permitirnos dárselas. Por eso, para nosotros es tan fundamental la selección y configuración de las soluciones de ciberseguridad como su integración con los sistemas del cliente y el seguimiento constante de la protección, con procedimientos de atención ante incidentes claramente definidos», concluye el especialista de Grupo Copicanarias.
