Melasma, léntigos solares e hiperpigmentación postinflamatoria pueden presentar una apariencia similar, pero responden a mecanismos diferentes. Identificar el tipo de alteración pigmentaria y los factores que pueden favorecerla se ha convertido en el punto de partida de un abordaje cada vez más personalizado.
Las manchas faciales constituyen uno de los motivos de consulta más frecuentes en medicina estética y dermoestética. Aunque suelen relacionarse principalmente con la exposición solar, detrás de una alteración de la pigmentación pueden intervenir factores hormonales, inflamatorios, genéticos y ambientales. Esta diversidad ayuda a explicar por qué una misma estrategia puede no obtener los mismos resultados en todos los pacientes.
Durante años, gran parte de los tratamientos se han dirigido fundamentalmente a reducir el pigmento visible. Sin embargo, actualmente sabemos que determinadas alteraciones, como el melasma o la hiperpigmentación postinflamatoria, presentan una fisiopatología más compleja.
La pigmentación cutánea depende fundamentalmente de la melanina producida por los melanocitos, pero la radiación ultravioleta no es su único estímulo. Los cambios hormonales, determinados procesos inflamatorios, algunos medicamentos y la predisposición individual también pueden favorecer la aparición o persistencia de alteraciones pigmentarias.
En el caso del melasma, la investigación ha descrito además la participación de mecanismos relacionados con la inflamación, el fotoenvejecimiento, la vascularización y determinados cambios en la dermis. En los últimos años también se investiga la posible relación entre la microbiota cutánea e intestinal, el denominado eje intestino-piel y diferentes procesos dermatológicos. Su influencia sobre la función de la barrera cutánea y la regulación de la inflamación abre nuevas líneas de investigación, aunque su papel específico en las alteraciones pigmentarias todavía no está completamente establecido.
«Una mancha no debería abordarse únicamente por lo que vemos en la superficie. La valoración es fundamental para identificar qué tipo de pigmentación presenta la piel, cómo se distribuye y qué factores pueden estar favoreciendo su persistencia», explica Nélida Campillo, enfermera especializada en dermoestética y directora de Clínica Nell, clínica de medicina estética regenerativa en Orihuela.
Sobre este enfoque se articula el Método Nell Manchas, desarrollado en Clínica Nell como una metodología de valoración y abordaje personalizado de las alteraciones pigmentarias. El proceso comienza con un estudio de la piel en el que se tienen en cuenta el fototipo, las características y distribución de la pigmentación, su evolución, la exposición solar, los antecedentes, la rutina dermocosmética y otros posibles factores asociados.
A partir de esta valoración se establece una estrategia individualizada que puede incorporar, cuando existe indicación, dermocosmética despigmentante, peelings, microneedling, tecnologías lumínicas o láser y otros procedimientos destinados a actuar de forma progresiva sobre la pigmentación y mejorar la calidad cutánea.
Pero el abordaje de las manchas no termina cuando el pigmento se aclara. La fotoprotección, el cuidado de la barrera cutánea, la elección adecuada de los activos domiciliarios y el seguimiento adquieren especial importancia en alteraciones con tendencia a reaparecer, como el melasma.
El objetivo no es prometer una piel sin manchas, sino buscar una mejoría progresiva y establecer una estrategia que permita controlar la pigmentación a largo plazo y actuar sobre aquellos factores que pueden favorecer su reaparición.
En este contexto, metodologías como el Método Nell Manchas reflejan la evolución hacia una medicina estética basada en la valoración, la personalización y el cuidado integral de la piel.
Nélida Campillo
Enfermera especializada en dermoestética.
Directora de Clínica Nell · Medicina Estética Regenerativa, Orihuela.
Miembro del Comité de Expertos en Cuidados de la Piel de Alicante.
Instagram: @nell_saludybelleza
