Levantarse de una silla sin ayuda, subir escaleras o mantener el equilibrio al caminar son capacidades cotidianas que pueden verse comprometidas con el paso de los años. Conservarlas resulta fundamental para seguir viviendo con independencia. Por eso, los fisioterapeutas madrileños insisten en que el movimiento debe formar parte del cuidado de la salud durante toda la vida.
El envejecimiento de la población refuerza esta necesidad. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), el 21,1 % de los habitantes de España tiene 65 años o más, una proporción que podría acercarse al 30 % en las próximas décadas. Ante este escenario, el Colegio Profesional de Fisioterapeutas de la Comunidad de Madrid (CPFCM) destaca el papel de la fisioterapia en la geriatría, especialmente para prevenir limitaciones y mantener la autonomía funcional.
La fuerza y el equilibrio, fundamentales para conservar la independencia
Desde el CPFCM recuerdan que la fisioterapia puede intervenir en tres grandes ámbitos: prevención, corrección y mantenimiento. Su objetivo no consiste únicamente en aliviar dolores, sino también en ayudar a que las personas mayores continúen realizando sus actividades habituales con la mayor independencia posible.
El ejercicio terapéutico ocupa un lugar destacado en este trabajo. Fortalecer la musculatura, entrenar el equilibrio y mejorar la resistencia contribuye a conservar la movilidad y reducir el riesgo de caídas. Estas últimas merecen especial atención durante la 3ª edad, porque pueden provocar fracturas, lesiones y una pérdida de confianza que favorezca nuevas limitaciones.
Los fisioterapeutas señalan que caminar es beneficioso, pero no siempre suficiente. Los ejercicios de fuerza y equilibrio, adaptados a las capacidades individuales, permiten trabajar funciones necesarias para levantarse, desplazarse y superar pequeños obstáculos cotidianos.
Envejecer no significa renunciar al ejercicio
Una de las falsas creencias que el CPFCM pretende combatir es que la actividad física resulta desaconsejable a partir de cierta edad. Por el contrario, el sedentarismo puede acelerar la pérdida de fuerza y dificultar tareas que anteriormente se realizaban sin esfuerzo.
La intervención fisioterapéutica también puede contribuir a mejorar la capacidad respiratoria y favorecer el bienestar general. La actividad física regular puede beneficiar el tránsito intestinal y el apetito, aunque los problemas digestivos o nutricionales requieren una valoración específica y no deben atribuirse exclusivamente a la falta de ejercicio.
El Colegio insiste en la importancia de adaptar cada programa al estado de salud, las enfermedades existentes y las capacidades funcionales. No necesita el mismo entrenamiento una persona autónoma que otra con dificultades para caminar o antecedentes de caídas.
La principal recomendación de los fisioterapeutas madrileños es evitar que la edad se convierta, por sí sola, en una razón para abandonar el movimiento. Envejecer de manera saludable no significa conservar todas las capacidades intactas, sino disponer de herramientas para mantener la autonomía durante el mayor tiempo posible.
