El fundador del laboratorio recogió el reconocimiento en categoría PRO durante el 100k LIVE 2026 de Level UP, un galardón que no se vota: se acredita ante Hacienda. Detrás del trofeo hay siete años de trabajo desde la creación del laboratorio —y una trayectoria de casi 30 años en la profesión—, dieciséis profesionales y una apuesta poco habitual en el sector: especializarse en los casos protésicos más difíciles.
CÓRDOBA. Rafael Porras Ortiz, protésico dental y administrador único de Plano Dentalab, ha sido distinguido con el reconocimiento del Club 100K en categoría PRO durante el 100k LIVE 2026, la gala anual de Level UP, la escuela de negocios alicantina que reúne cada año a empresarios de toda España. El galardón llega en un momento de consolidación para el laboratorio cordobés, que cuenta en la actualidad con dieciséis profesionales en plantilla. Un premio que no se vota: se acredita ante Hacienda El Club 100K no funciona como la mayoría de los reconocimientos empresariales. No hay jurado que valore candidaturas ni votación popular: el acceso se obtiene cuando la empresa demuestra que su facturación anual ha crecido en al menos 100.000 euros respecto a la que tenía al iniciar su formación en Level UP. Y hay que demostrarlo con documentación oficial presentada en Hacienda, habitualmente el Modelo 390, el resumen anual del IVA.
Dicho de otro modo: es un reconocimiento al crecimiento medido, no a la simpatía. Porras recogió el suyo en la categoría PRO, la que corresponde al umbral de los 100.000 euros.
Level UP, entidad organizadora, es una escuela de formación empresarial con sede en Alicante que arrancó su actividad en 2012 y mantiene un acuerdo de colaboración con CEAJE, la Confederación Española de Asociaciones de Jóvenes Empresarios. Creó el Club 100K en 2019 para distinguir a las empresas de su comunidad capaces de acreditar ese salto de facturación.
Para un laboratorio protésico, alcanzar esa cifra tiene una lectura muy concreta: significa más clínicas confiando casos, casos de mayor complejidad y capacidad instalada suficiente para absorberlos sin que la calidad se resienta. En un taller de dieciséis personas, ese equilibrio no es automático.
De un taller pequeño a un equipo de dieciséis profesionales
La sociedad Plano Dentalab SL echó a andar el 11 de junio de 2019 y quedó inscrita en el Registro Mercantil de Córdoba semanas después, con carácter unipersonal y los 3.000 euros de capital mínimo. Rafael Porras Ortiz figuraba como socio y administrador único. Un taller pequeño, en definitiva, en un sector donde el taller pequeño es la norma.
Siete años después, la fotografía es otra. Plano Dentalab emplea a dieciséis profesionales y mueve un volumen de negocio situado en la horquilla de entre 600.000 y 1,5 millones de euros, según los registros mercantiles y los directorios empresariales que los recopilan, que sitúan además su crecimiento del último ejercicio por encima del 30 %. En el ranking nacional de empresas que elabora Informa D&B, el laboratorio de prótesis dentales ha escalado más de 26.000 posiciones respecto al registro anterior y ocupa el puesto 2.337 entre las empresas cordobesas.
Detrás de esas cifras hay una decisión estratégica tomada pronto. El sector protésico dental español está muy atomizado: predominan los talleres de dos o tres personas y la competencia en precio, dentro y fuera del país, es feroz. Porras decidió jugar en otro tablero. En lugar de pelear por el unitario barato, orientó Plano Dentalab hacia la planificación protésica compleja: rehabilitaciones sobre implantes, cargas inmediatas, estética del sector anterior. Los casos que muchos laboratorios prefieren no aceptar.
Es una escena que se repite en muchas clínicas dentales de Córdoba. El odontólogo termina un tallado difícil, mira el caso y piensa lo mismo: esto no lo puede hacer cualquiera. Ahí es donde entra un laboratorio como este.
Innovación: flujo digital completo y una sala donde entra el paciente
La apuesta por la complejidad obliga a una inversión técnica constante. El sector vive una transformación acelerada —diseño CAD, fresado, impresión 3D, materiales nuevos cada temporada— y un laboratorio que no forma a su equipo queda obsoleto en tres o cuatro años. Plano Dentalab ha convertido el acceso a formación continua de sus técnicos en política de empresa, junto a un control de calidad exhaustivo en todas las fases de producción.
En un taller de dieciséis personas, eso implica destinar horas de trabajo facturable a aprender: una decisión de gestión, no un eslogan. El recorrido de un caso es íntegramente digital: escaneado en clínica, diseño CAD, fresado o impresión 3D, acabado y maquillaje manual, y entrega. El laboratorio gestiona archivos de cualquier escáner intraoral del mercado, algo menos habitual de lo que parece: muchos laboratorios trabajan solo con dos o tres formatos y obligan a la clínica a adaptarse a ellos. Sobre esa base digital se apoyan sus líneas más técnicas.
En carga inmediata, el laboratorio trabaja la preservación de la arquitectura gingival: la prótesis provisional que se coloca el mismo día del implante mantiene la forma de la encía desde el primer minuto, evitando el aspecto artificial que provoca una retracción posterior. Aplica también la técnica BOPT (Biologically Oriented Preparation Technique), un tallado vertical sin línea de terminación en el que la corona guía a la encía en lugar de limitarse a apoyarse en ella, muy relevante en el sector anterior. En materiales, apuesta por el zirconio monolítico de estética prémium: se parte de un bloque único, sin capas de porcelana susceptibles de fracturarse, y se recurre a alta translucidez y maquillaje externo para lograr naturalidad.
Y en rehabilitaciones amplias fabrica encía personalizada, reproduciendo color, textura y contorno de la boca de cada paciente: probablemente el trabajo más artesanal que sale de un laboratorio dental. A ello se suma la planificación con férula Memobite, que permite registrar y trasladar la posición correcta antes de fabricar nada.
El detalle que más lo diferencia de un laboratorio convencional, sin embargo, no es una máquina. Las instalaciones incluyen una zona habilitada para terminar casos complejos con el paciente presente. Cuando un caso requiere un ajuste de color, una prueba estética o una corrección de forma que no se resuelve mirando una fotografía, el paciente acude al laboratorio —siempre derivado por su odontólogo— y el protésico trabaja delante de él. Para la clínica supone menos citas de reajuste; para el paciente, menos idas y venidas; y para el laboratorio, una exigencia mayor: no hay dónde esconderse cuando la persona a la que va destinada la prótesis está mirando.
Conviene recordar, llegados a este punto, algo que el paciente casi nunca sabe. El odontólogo diagnostica, prepara la boca y coloca, pero la pieza la fabrica un protésico dental, profesión sanitaria titulada y regulada en España. Las prótesis son productos sanitarios a medida, sujetos al marco regulatorio de la AEMPS y al Reglamento (UE) 2017/745. No es artesanía informal: es fabricación sanitaria con trazabilidad. Por eso el laboratorio pesa en el resultado final de un tratamiento mucho más de lo que parece.
