La Doctora Silvia Rosón lleva 15 años demostrando, bisturí en mano, que el lifting más natural no estira nada: reposiciona. Así funciona su técnica de elección — y así está cambiando lo que significa “envejecer bien”.
Hay una cara que todos han aprendido a reconocer sin saber nombrarla. Pómulos que ya no bajan cuando sonríe. Sienes tirantes, inmóviles. Una expresión de sorpresa perpetua que no tiene nada que ver con la sorpresa. La llaman, sin mucha piedad, “cara operada”.
Durante décadas, la cirugía facial dio por hecho que ese era el precio del rejuvenecimiento: un rostro más joven a cambio de un rostro menos propio. La Dra. Silvia Rosón, cirujana maxilofacial con más de 15 años operando rostros en Madrid, construyó su carrera alrededor de una idea que contradice ese pacto.
Su técnica de elección parte de una premisa tan simple que sorprende que haya tardado tanto en imponerse: el lifting nunca falló por operar demasiado. Falló por tirar en la dirección equivocada.
El error del lifting tradicional
El lifting clásico se construyó sobre una lógica bidimensional: sobraba piel, así que se retiraba y se traccionaba hacia atrás, en dirección a las orejas. Durante años nadie cuestionó el método, sólo sus resultados: mejillas aplanadas, comisuras desplazadas, orejas deformadas por la tensión constante. El propio gremio bautizó el efecto con humor negro —“efecto viento”— antes de admitir que era, en realidad, un error de ingeniería.
“El error no está en operar. Está en tirar en la dirección equivocada”, explica la Dra. Rosón. “La gravedad hace caer el rostro hacia abajo. Si para corregirlo estiras la piel hacia los lados, el resultado nunca se va a leer como natural, por muy bien hecha que esté la cirugía.”
Cómo funciona la técnica: por qué dura hasta 15 años
El procedimiento que aplica no opera sobre la piel: opera sobre el SMAS, el sistema musculoaponeurótico que sostiene el rostro por debajo de la dermis, como un andamiaje invisible. La intervención se realiza en quirófano hospitalario y admite dos abordajes anestésicos según la extensión del caso: anestesia general, con un día de ingreso, o anestesia local con sedación, que permite una recuperación más rápida. En ambos casos se accede a través de incisiones ocultas en el cuero cabelludo y alrededor del pabellón auricular. Por ellas, la doctora despega la piel facial, eleva el SMAS con un vector oblicuo en el tercio medio del rostro y vertical en el cuello, y realiza una disección completa del platisma —el músculo cervical— hasta un margen de seguridad calculado al milímetro: siete centímetros desde el reborde mandibular.
El gesto decisivo llega después. Una vez recolocado el músculo en su posición original, la piel ya no tiene que sostener nada: se limita a acompañar el nuevo relieve, sin tracción ni resistencia. Sin tensión en los bordes de la herida, las cicatrices curan ocultas en la línea de implantación del pelo, en lugar de convertirse en las suturas anchas y brillantes que delatan un lifting mal resuelto. Bien ejecutada, sostiene la doctora, esta estabilidad se mantiene entre 10 y 15 años.
El paciente también es un factor clave para un buen resultado
Pero incluso una técnica depurada tiene un punto ciego: el paciente. La Doctora Silvia Rosón repite en consulta que buena parte del resultado se decide fuera del quirófano. Exige dejar de fumar semanas antes de operar —el tabaco compromete la microcirculación y, con ella, la calidad de la cicatrización— y suspender la medicación que aumenta el riesgo de sangrado. Después llega la parte menos glamurosa y más determinante: cuidar las incisiones, aplicar frío para controlar la inflamación, evitar el esfuerzo físico durante semanas y no saltarse una sola revisión.
“Puedo controlar la técnica. El resultado final es un trabajo conjunto”, afirma. “He visto una cirugía impecable arruinarse por un postoperatorio mal seguido, y he visto pacientes disciplinados sacarle el máximo partido a una intervención más sencilla.”
Cada vez más hombres piden lifting facial (+25% en cinco años)
Hay otro cambio que la Doctora Silvia Rosón observa directamente en su consulta, y que los datos del sector confirman: el lifting facial ha dejado de ser un procedimiento predominantemente femenino. Según la International Society of Aesthetic Plastic Surgery (ISAPS), la demanda de cirugía estética masculina ha crecido más de un 25% en el mundo en los últimos cinco años; en España, los hombres representan ya en torno al 15% de las intervenciones estéticas totales, y el lifting gana terreno específicamente entre los 30 y los 45 años, empujado por un enfoque cada vez más preventivo y cada vez menos tabú.
“El paciente masculino busca lo mismo que la paciente femenina: no verse distinto, verse descansado”, explica la doctora. “Lo que cambia es el vector: en el hombre hay que conservar una mandíbula marcada y evitar cualquier efecto de feminización del óvalo facial. La técnica de base es la misma; el diseño del plan, no.”
Silvia Rosón insiste en que su abordaje no es una talla única. A partir de los 40 años —o antes, si la estructura ósea del paciente lo pide— puede plantearse la versión completa; para signos leves de flacidez, la propia doctora ofrece una versión reducida, el mini lifting, centrada en el tercio inferior del rostro y el cuello, con incisiones más pequeñas y recuperación más corta.
“Cuando la cirugía está bien hecha, no se percibe como un cambio. Se percibe como una versión más descansada de la misma persona”, resume la doctora.
Sobre la Dra. Silvia Rosón
La Dra. Silvia Rosón es cirujana maxilofacial especializada en cirugía estética y reconstructiva facial, con clínica propia en el Barrio de Salamanca (Madrid) y más de 15 años de trayectoria en cirugía craneofacial.
