La cara Ozempic y el precio de adelgazar sin estrategia, bajo la mirada del Dr. Máximo Evia

»¿Cómo es posible perder veinte kilos y gustarte menos cuando te miras al espejo?». Es una pregunta que el Dr. Máximo Evia escucha cada vez con más frecuencia en consulta. Muchos pacientes llegan satisfechos porque han conseguido adelgazar. La ropa les queda mejor, los análisis han mejorado y la báscula marca diez kilos menos. Todo parece indicar que van por buen camino. Sin embargo, cuando se miran al espejo sienten que algo no encaja. La cara parece más cansada, el rostro ha perdido volumen y la expresión ha cambiado.

La popularización de medicamentos como Ozempic, Wegovy, Mounjaro, semaglutida o tirzepatida ha supuesto uno de los mayores avances médicos en el tratamiento de la obesidad y la diabetes tipo 2. Sin embargo, para el Dr. Máximo Evia, médico estético en Madrid y director de Aesthetic Boutique, el verdadero debate no gira en torno al medicamento, sino a la forma en que se utiliza.

«Los GLP-1 pueden ser una herramienta extraordinaria. Pero ningún medicamento puede sentarse a comer por ti, entrenar por ti o dormir por ti. El cuerpo sigue necesitando exactamente lo mismo.»

La cara Ozempic es mucho más que una cuestión facial.

La llamada cara Ozempic se ha convertido en un término habitual para describir el aspecto envejecido, cansado o hundido que algunas personas presentan tras adelgazar rápidamente. Sin embargo, el Dr. Evia considera que el fenómeno va mucho más allá del medicamento.

«No es solo cara Ozempic. También vemos cambios parecidos después de una cirugía bariátrica, dietas extremas o enfermedades que provocan una pérdida importante de peso. El rostro cuenta una historia. Y muchas veces esa historia no dice ‘he mejorado mi salud’, sino ‘he perdido estructura demasiado rápido’.»

La diferencia está en cómo se produce esa pérdida. No es lo mismo adelgazar que mejorar la composición corporal. Cuando el proceso no se acompaña de entrenamiento de fuerza, una alimentación equilibrada con suficiente proteína y seguimiento médico, el cuerpo puede perder masa muscular además de grasa. El resultado no solo se refleja en el espejo; también puede afectar a la postura, la fuerza y al aspecto general del paciente.

La mejor medicina estética empieza antes del primer tratamiento

Para el Dr. Máximo Evia, la conversación no debería empezar cuando el paciente nota la cara hundida. Debería empezar mucho antes, cuando todavía es posible prevenir que eso ocurra.

«Si alguien va a iniciar un tratamiento con GLP-1, lo razonable es planificar desde el principio cómo preservar la masa muscular, cómo alimentarse correctamente y cómo evolucionará su rostro. La medicina estética no debería llegar tarde para intentar compensar un proceso mal planteado.»

La medicina estética, insiste el especialista, no sustituye unos buenos hábitos. Los acompaña cuando existe una indicación y un criterio médico.

«Ningún ácido hialurónico compensa una pérdida muscular mal llevada. Ningún inductor de colágeno sustituye entrenar fuerza o comer suficiente proteína. Primero hay que entender qué está ocurriendo en el cuerpo.»

Pero hay una pregunta que pocas veces forma parte de la conversación: ¿qué ocurre cuando el tratamiento termina?

Aunque algunos pacientes necesitarán tratamientos prolongados, en otros llegará el momento de reducir la dosis o suspenderla. Es entonces cuando se pone a prueba si realmente se ha construido un nuevo estilo de vida o simplemente se ha dependido del medicamento.

«Los medicamentos pueden ayudarte a perder peso. Lo que mantiene ese resultado es todo lo que haces cuando sales de la consulta. El mejor tratamiento es aquel que, con el tiempo, te hace depender menos del propio tratamiento y más de como vives tu día a día.»

La medicina estética como parte de una estrategia de salud

Cuando la pérdida de volumen facial ya se ha producido, existen herramientas que pueden ayudar. Los inductores de colágeno, como el ácido poli-L-láctico, y el ácido hialurónico pueden estar indicados en pacientes seleccionados para recuperar la armonía facial, siempre tras un diagnóstico individualizado y dentro de un plan global.

«Antes de decidir cómo tratar un rostro, hay que entender por qué cambió. Si no entiendes eso, lo único que haces es poner un producto encima de un problema.»

Para el Dr. Máximo Evia, la popularización de los GLP-1 representa una oportunidad para abrir una conversación más amplia sobre salud, belleza y responsabilidad.

«No estoy en contra de los GLP-1. Al contrario. Creo que pueden cambiar la vida de muchos pacientes. Lo que me preocupa es olvidar que un medicamento nunca sustituirá la forma en la que vivimos. Puede ayudarte a perder peso. Pero seguir viéndote sano depende de mucho más».